Librilla

Qué ver y hacer en Librilla

Librilla Murcia


Qué ver y hacer en Librilla Murcia

¿Dónde está Librilla?


Librilla es un encantador pueblo de la región de Murcia, ubicado a tan solo 30 km de la ciudad de Murcia y a una altitud de 119 metros sobre el nivel del mar. Con una población de 5.619 habitantes que se denominan librillanos y librillanas y tiene una ubicación privilegiada, cerca de la Sierra Carrascoy, en pleno Valle del Guadalentín.

El nombre del pueblo deriva de la palabra árabe "Lymbraya", que significa "Barranco de los Espectros", en referencia a la rambla que atraviesa el pueblo.

La naturaleza exuberante de Librilla lo convierte en un lugar interesante para conocer.

Historia de Librilla

La historia de la Villa de Librilla es fascinante y se remonta al año 1154, cuando el geógrafo árabe Al-Hidrissi la denominó Hissan o Lymbraya, que significa "Barranco de los Espectros". Esta denominación se debía a la ubicación estratégica de la Villa, junto a un profundo corte en el terreno que constituía una defensa segura por las vertientes oeste y sur. En épocas de precipitaciones lluviosas, el cauce seco se llenaba de agua y las viviendas asomaban sus luces.

Sin embargo, apenas hay noticias de Librilla hasta el año 1243, cuando Alfonso X llega a Murcia, acompañado de Pelay Peres de Correa, y el rey moro Ibn Hud le entrega la ciudad y el reino. Tiempo después, la Villa pasa al señorío de D. Juan Manuel, hijo del Infante D. Manuel y adelantado del rey de Castilla en el Reino de Murcia.

La importancia de la Villa se deduce de la fortificación y reparaciones de su castillo y murallas que experimentó durante muchos años. El escalonamiento de las fortalezas hacia el Valle del Segura, Lorca, Aledo, Alhama, aconsejaba custodiar todos los caminos que iban y venían a la frontera granadinoalmeriense, por lo que los Fajardo, que dominaban Alhama con su fuerte torreón vigía, decidieron mantener y reforzar la acogedora Villa frente a Carrascoy, cuya carretera cruzaba estratégicamente el Valle hacia el camino de Cartagena.

Cuando los Fajardo fundaron en Librilla su mayorazgo, se citaba como Villa, con orígenes a partir de 1458, lo que le da notable antigüedad. En 1754 contaba 418 vecinos contribuyentes (pecheros), siendo el total (con los exentos) de 490, lo que supone en aquellas fechas unas cifras generosamente altas para una Villa eminentemente agrícola. Se refuerzan las defensas, especialmente las que se orientan al N y E (las otras estaban garantizadas por la profunda rambla). Los Fajardo levantan su casa solariega, construyen caballerizas y enlazan visualmente con la elevada torre del castillo de Alhama, con la que mantenían un servicio de control, vigía y defensa.

La Iglesia Parroquial de San Bartolomé, levantada sobre la primitiva ermita, tiene la apertura de su libro de bodas y bautizos con fecha de 1500, llegando hasta 1770. Las caballerizas datan de la época de los Reyes Católicos, y otro edificio singular, el del Marqués de Camachos, con artística rejería en su fachada, data de 1598. En las inmediaciones de Librilla, en los cabezos que limitan las ramblas próximas, se han localizado restos de asentamientos argáricos y árabes, así como balsas y aljibes que suministraban su caudal para el ganado trashumante que durante varios siglos transitó por aquellos parajes.

La Villa de Librilla ha conservado su encanto histórico a lo largo de los años, y sus monumentos y vestigios son testigos de su pasado. Además de la Iglesia Parroquial de San Bartolomé y las antiguas caballerizas, se pueden encontrar otros edificios singulares que reflejan la historia de la localidad.

En los alrededores de Librilla, se pueden apreciar los cabezos que limitan las ramblas cercanas, donde se han descubierto restos de asentamientos argáricos y árabes. Estos vestigios arqueológicos son un testimonio de la presencia de diferentes culturas en la zona a lo largo del tiempo.

Librilla también fue un lugar de paso para el ganado trashumante durante siglos. Balsas y aljibes se construyeron estratégicamente para abastecer de agua al ganado en su ruta por la región.

En definitiva, la historia de la Villa de Librilla es fascinante y revela su importancia estratégica en el pasado. Sus monumentos, fortificaciones y restos arqueológicos son un reflejo de las diversas etapas históricas que han dejado su huella en esta encantadora localidad. Explorar sus calles y descubrir su legado histórico es una experiencia enriquecedora para aquellos que deseen sumergirse en la historia de la región.

Fiestas Patronales

En la Villa de Librilla, la festividad más destacada tiene lugar en agosto, del 20 al 24, en honor a San Bartolomé Apóstol. Durante estas celebraciones, se llevan a cabo una serie de eventos religiosos, folclóricos, bailes populares, juegos infantiles, cabalgatas y diversas actividades deportivas y culturales.

Las pitanzas de Librilla

Uno de los actos más tradicionales y emblemáticos de estas Fiestas Patronales son las "Pitanzas".

Las Pitanzas son panecillos redondos de aproximadamente 200 gramos de peso que se lanzan en grandes cantidades desde los balcones del Ayuntamiento de la Villa. Este acto tiene sus raíces en la Edad Media y era una forma de proveer alimento a las personas que residían fuera de las murallas y sufrían escasez y hambruna.

Esta antigua tradición se mantiene viva hasta el día de hoy, y se complementa con un pasacalles llamado "de la recogida de la harina", que se lleva a cabo durante la mañana del 22 de agosto. El Alcalde, el Concejal de Fiestas, la Comisión de Festejos, las Reinas de las Fiestas y el pueblo en general recorren el pueblo acompañados de una banda de música, recogiendo bolsas de harina o su equivalente en dinero de cada casa.

El punto culminante de la celebración es la "Pitanza de honor", que se lanza desde los balcones del Ayuntamiento el 22 de agosto por una personalidad destacada. A continuación, las Reinas de las Fiestas y las bellas señoritas de la localidad lanzan el resto de los panecillos a la multitud que espera ansiosamente para llevárselos a casa. Según la tradición, "en la casa donde se guarda una Pitanza no habrá hambre en todo el año". Por esta razón, el panecillo del Santo Patrón se guarda con cuidado, ya que simboliza una celebración única con raíces medievales y se cree que bendice y provee de alimento a las familias durante todo el año.

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