La yegua blanca
Description
En Águilas existe también otro lugar mágico, dado a las leyendas. En el municipio Yegua Blanca es el nombre que se le da a una gran piedra blanca que recuerda a una yegua o caballo que estuviera subiendo por las estribaciones de las montañas del lomo Bas a la altura aproximada de la Pinilla.
Cuenta la leyenda que, en plena Reconquista, tuvo que huir de estas tierras un príncipe o califa moro al que perseguía un grupo de ávidos caballeros cristianos. El príncipe en su huida sólo llevaba sus bienes más queridos, que eran su esposa, una bella mujer de atuendos y velos negros, sus tesoros y sus dos mejores corceles: un alazán negro y una yegua blanca en la que iban su mujer y parte de los tesoros.
Pero el príncipe, que también conocía las artes de la hechicería, viéndose asediado por sus perseguidores, se bajó del caballo, desmontó sus tesoros y a su princesa, encendió una vela y rezó un hechizo que sólo él conocía, mientras daba siete vueltas en sentido inverso a las agujas del reloj, (al tiempo que sujetaba en su mano izquierda la vela que portaba) entonces se abrió bajo sus pies la tierra y apareció una escalinata con catorce peldaños. El príncipe-mago bajó por ella a su mujer y sus tesoros, rápidamente dio las vueltas en sentido contrario, y la entrada secreta se cerró. Para recordar el lugar exacto lanzó otro hechizo y, tocando a la yegua, la convirtió en piedra, y acto seguido viendo que sus perseguidores ya trepaban entre los jarales y los altos romeros de las faldas de la montaña, se montó en su negro alazán y, envuelto en una capa negra, se perdió en la noche.
Dice la gente del lugar que los mozos más valientes que se atreven a acercarse por la noche a la piedra blanca entre los susurros del viento, como por debajo de esta, aún pueden oír los lamentos de la bella princesa.
Información
En Águilas existe también otro lugar mágico, dado a las leyendas. En el municipio Yegua Blanca es el nombre que se le da a una gran piedra blanca que recuerda a una yegua o caballo que estuviera subiendo por las estribaciones de las montañas del lomo Bas a la altura aproximada de la Pinilla.
Cuenta la leyenda que, en plena Reconquista, tuvo que huir de estas tierras un príncipe o califa moro al que perseguía un grupo de ávidos caballeros cristianos. El príncipe en su huida sólo llevaba sus bienes más queridos, que eran su esposa, una bella mujer de atuendos y velos negros, sus tesoros y sus dos mejores corceles: un alazán negro y una yegua blanca en la que iban su mujer y parte de los tesoros.
Pero el príncipe, que también conocía las artes de la hechicería, viéndose asediado por sus perseguidores, se bajó del caballo, desmontó sus tesoros y a su princesa, encendió una vela y rezó un hechizo que sólo él conocía, mientras daba siete vueltas en sentido inverso a las agujas del reloj, (al tiempo que sujetaba en su mano izquierda la vela que portaba) entonces se abrió bajo sus pies la tierra y apareció una escalinata con catorce peldaños. El príncipe-mago bajó por ella a su mujer y sus tesoros, rápidamente dio las vueltas en sentido contrario, y la entrada secreta se cerró. Para recordar el lugar exacto lanzó otro hechizo y, tocando a la yegua, la convirtió en piedra, y acto seguido viendo que sus perseguidores ya trepaban entre los jarales y los altos romeros de las faldas de la montaña, se montó en su negro alazán y, envuelto en una capa negra, se perdió en la noche.
Dice la gente del lugar que los mozos más valientes que se atreven a acercarse por la noche a la piedra blanca entre los susurros del viento, como por debajo de esta, aún pueden oír los lamentos de la bella princesa.
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